Los personajes de mi familia son variados, extremos y complicados. Como todos. Pero porque son los míos, me parece que lo son aún más. Los hay callados, misteriosos, habladores sin límite y sordos que no escuchan a los charlatanes. Intolerantes, nerviosos, obsesivos y despreocupados, ridículamente ordenados,sensibles e inmaduros. Lo digo en cada reunión familiar. Hoy, con la abuela enyesada en la cama de mi tía, toda la familia en el living lleno de cajas porque están a pocos días de mudarse a un departamento temporario, lo digo con más seguridad: Tengo que escribir una obra de teatro sobre mi familia.
De aquélla época de alcancías y diarios íntimos, recuerdo ir con mi mamá a una librería que quedaba en la Avenida Gaona - y que ya no existe porque pasé hace unos años por esa esquina y ahora hay un supermercado chino- a comprar los regalitos para el día del amigo. El día del amigo era un día esperado, ansiado,pensado, donde nos regalábamos entre todos (especialmente entre las chicas) pequeñas estupideces. Minísculos perritos de acrilíco pintado (el dogo para Nicole, el cóquer para Melisa, el caniche para Marina, el afgano para Sol) , tarjetas hechas por empleados malhumorados y mal pagados, pulseritas, medallas de la amistad que años después tiré.
Jul 20
Alcancías y diarios íntimos
Las reglas de la pesadilla son simples. Lo que está pasando es así, totalmente verosímil. No existe la posibilidad de cuestionarlo. No se puede escapar ni pensar que aquello que está sucediendo no sea cierto. Las cosas que después parecen raras y ridículas en ese momento son la realidad incuestionable.
Después de pensar y hablar mucho sobre lo que pasó seis meses atrás, me di cuenta que accioné como si estuviera en una pesadilla: no cuestioné nada, no averigué información, no busqué otras maneras, simplemente me dejé llevar por lo que le estaba pasando a él, que nos estaba pasando a todos. Todavía no tengo muy claro cómo lograba dormir y seguir respirando sin preguntarme acaso qué podía pasar, cuán oscuro se podía poner.
May 14
Reglas
Había olas grandes. No se hablaba de Tsunamis, esa palabra vino a mi mente recién cuando me desperté y traté de reconstruir lo que estaba soñando. Decía, había olas grandes y teníamos que escapar. Éramos lógicamente un grupo errático de personas que variaban, por momentos compañeros de la facultad y por momentos no. Había mucha preocupación en el ambiente. Escapábamos de una horrorosa ola mientras los autos volaban y los árboles caían sobre las personas. Llegábamos después de mucho caminar a una casa frente al mar. Veíamos desde ahí las olas rompiendo gigantes por el gran ventanal del living. Una de las olas se levantaba contra la casa y rompía el vidrio, quedando nosotros completamente sumergidos bajo el agua revuelta. En la escena siguiente ya estábamos secos, la ola no nos mató. La conciencia de la posibilidad de muerte estaba presente durante todo el sueño, teníamos que irnos de esa casa. Pero una de las integrantes del grupo se había convertido sin razón en La Enemiga. Yo había escondido un cuchillo en el sillón azul, ella estaba decidida a matarme y me corría por la casa. Los demás integrantes a quienes yo avisaba de la existencia del cuchillo, no querían ayudarme. La compañera de la facultad que ahora se ha convertido en La Enemiga me informa que debo irme de la casa. En uno de los cuartos encuentro ropa, me la llevo porque me preocupa estar mojada y resfriarme. Antes de irme, La Enemiga me pide que la acuchille. Y yo lo hago. Por delante y por detrás, le clavo un cuchillo y ella muere instantáneamente.
Como si la ficción hubiese concluido ahí, mis compañeros y yo dialogamos sobre la moralidad de la situación. Estuvo bien que me mataras, dice La Enemiga, yo me lo merecía. Los personajes de la escena intercambiamos opinión sobre los sucesos ocurridos en la casa frente al mar. Ya no hay peligro de morir, ni olas asustándonos.
Conclusión: puede que las largas horas de ayer estudiando en la Biblioteca sobre ficción y realidad, no me hayan hecho bien.
May 10
Soñé
Apr 24
No me gustan los perros. Excepto éste que encontramos en Londres.
Apr 5
No me llama porque no me quiere, porque vio la película y la frase He’s not that into you le gustó; no me llama porque prefiere estar sólo, porque él así está más cómodo; está tranquilo, en su casa, en el trabajo o en la facultad, ni se imagina que yo estoy sufriendo por su no-llamado. No me llama porque se olvidó, tuvo cosas más importantes en su cabeza o ni siquiera lo pensó. No me llama porque no se acordó de mi, no pensó en mi ni un sólo puto segundo de estos días que pasamos sin hablarnos.
Ya está. No puedo decir que no me quiere, pero me descubro a mi misma pensando que quizás él quiera estar sólo, y que no se anima a decírmelo. Y sufro. Y hablo con L., con P., me paso los viajes en colectivo preguntándome qué carajo estará pensando, por qué no me llama.
STOP.
Nada que ver. Toda esa maraña de pensamientos venenosos que contaminaron mis días se desvanecen en un segundo, la angustia se me esfuma del pecho cuando me llama, me pregunta que por qué no contesté sus mensajes y sus mails. Resulta que me habían llegado, pero por alguna razón tecnológica que no comprendo (quizás porque nunca leí el manual de mi fancy celular) se habían marcado como leídos.
Jan 27
Es típico de mi
Que se me caiga algo comestible al piso, no levantarlo y pisarlo descalza cinco minutos después.
La ropa tirada.
Decir “no puedo evitar pensar”
Ser rencorosa.
Escuchar una canción hasta agotarla y no poder escucharla nunca más.
Cambiar la voz cuando hablo por teléfono.
Comprar esmaltes.
Comprar bombachas.
Comprar.
Saber innecesarios números de teléfono de memoria.
Ofenderme.
Tener hambre a las 7 pm.
El problema de estar enojada y quererte a la vez, es que soy eso, un vaivén. Pendulo entre la bronca y las ganas de abrazarte y contarte sobre la cantidad de mails que te escribí y borré, que vienen a ser la versión 2.0 de las cartas escritas nuncas enviadas de Shakira en Estoy aquí.
Dec 20
S/T
Más de treinta y tanto grados de sensación térmica son razón suficiente para evitar el colectivo hasta el barrio de Once, pienso - y me justifico- mientras camino los pocos pasos hasta la mercería más cara de Buenos Aires, que está en la esquina de mi casa. Espero a que la mujer que atiende el local se desocupe y me quedo mirando las infinitas cajas que ocupan la totalidad de las paredes: botones de todos los colores, tamaños, texturas y estilos que convierten a este lugar en la pesadilla viviente de todo fóbico. Lejos de ser mi caso, admiro los pequeños objetos cuyo uso se ha ampliado con la modernidad. Me arranca de mi reflexión indumentaria el señor que está siendo atendido por la vendedora. Se da cuenta que mis ojos sin querer pasaron por los de él y rápidamente antes de que pueda arrepentirme, me incluye en la conversación. El había muerto tiempo atrás y Jesús lo revivó - me dijo con un acento que no pude definir de qué lugar de Latinoamérica provenía- y él puso las manos bajo el cielo y cayeron gotas y entonces se confesó, porque confesarse es lo más importante que el hombre debe hacer en vida. Mientras el señor me habla sobre la importancia del cuerpo de Jesús, yo pienso en la materia de la Facultad para la que hace poco di un final: la mentalidad cristiano feudal, la idea de una realidad fundada en la mixtura realidad-irrealidad, en la justificación de lo injustificable como decisión divina y en la utilización de la religión para todo aquello que el hombre no puede controlar: a saber, en el siglo XlV las sequías y las epidemias de fiebre, en la actualidad el cáncer y casi la misma pobreza del medioevo.
En un momento el señor dejó de hablar. Me miró a los ojos, me dijo que mi alma estaba vacía.
Yo tengo los de mi papá y mi hermana los de mi mamá, repetí durante la infancia. Fue la primera vez en mi vida que alguien me dijo algo negativo sobre mis ojos azules. Un rato después caminé con D. hasta la imprenta y me olvidé del señor de la Inquisición.
Dec 20
Jesus is my coach
Dec 4
Me gusta volver sin querer a canciones de cierto momento, a olores de la infancia.
Ahora que ya pasó todo y que cada vez se escucha menos la palabra secuelas por acá, creo que volví a vivir con la conciencia que me define. Pasé semanas en una nube medio inexplicable, en un modo “acción” para después caer en la cuenta de todo lo que había pasado. Me encuentro una y otra vez repasando lo que pasó, los días de la internación en Terapia y los días en la clínica. Esa conversación con los médicos donde parecía que todo iba en picada. El llamado de H. desde Barcelona y su iluminación, las primeras horas de corticoides y el regreso a casa. Fue una pesadilla. Y recién ahora empieza a decantar. Algunas mañanas me levanto confundida aún, habrá pasado realmente todo eso, lo soñé. Pasó. Pasó. Pasó.
Ayer mientras esperábamos el parte médico, todos sentados en las incómodas sillas de la sala de espera de Terapia Intermedia desée volver a los pasillos de la escuela primaria, el polvo de las clases de patín, los perros de mi amiga N y las clases de cerámica utilitaria en lo de Y. P. me abrazó y me dijo ya sos adulta Caro y me confesó que estaba realmente asustada. Yo no pude contestarle nada contuve mi deseo de pedirle que me llevara otra vez a esos pasillos, al polvo de los patines, los perros y las clases de cerámica.
Oct 13
Sala de espera
-Cuidé a D. varios dias porque estuvo con fiebre y ayer, me desperté a las 2 am con 38.4 grados centígrados e imposibilitada de volver a conciliar el sueño. Mareada, con frío y calor al mismo tiempo, querido D, te miré durmiendo al lado mío, y no te putée.
-La Facultad, después de un mes y largos días de paro y mi desesperación natural, parecen volver a la normalidad.
-Hay que llamar a las cosas por su nombre, o por lo menos, por el nombre que uno entiende que deben llevar.
- 6 horas ayer en el Hospital, fueron completamente esclarecedoras: jamás, jamás de los jamases, podría yo, trabajar ahí. Prefiero, como dijo S., el olor del óleo y del acrílico, al olor del alcohol etílico, la sangre y las gasas.
Oct 11
Random news
En el consultorio.
- A ver decí “a” - AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
- Ah, no, no, mirá, tenés la lengua muy grande y las amígdalas muy chicas. Así que la laringoscopía te la voy a tener que hacer invertida. Te voy a meter este tubito por la nariz hasta la garganta..
Apagón.
Camino rápido por el pasillo de la clínica. La lengua muy grande y las amígdalas muy chicas, ¿me están cargando?; no quiero que me metan nada por la nariz, esto es el colmo. P. me dice por teléfono que es una triquiñuela del médico para cobrar más, que seguro la invertida es más cara que la normal. Quiero llorar y antes de que caiga la primer lágrima, suena el teléfono otra vez, es L. que primero ríe cuando le cuento el diagnóstico de la maxilengua y después se ofrece para tomar mi mano mientras me inserten el tubo dentro de mi pequeña fosa nasal. Mientras L. me habla pienso en D. ¿ Habrá pensado en aquél primer beso “uy qué lengua gigante”?.
Tengo una mancha roja en el dedo gordo del pie, pecas cuando estoy al sol, la boca de mi tía y los ojos de mi papá. ¿Quién carajo me heredó su lengua gigante?
Oct 4
Diagnóstico
Sep 27
Odios
Odio que se acabe la pasta dental, las ganas de llamar a esa amiga que extraño y los días que tengo ideas que no puedo plasmar en dibujos.
Sep 15
Nunca entendí el fanatismo por las cerezas ni por las uvas. No tienen mucho gusto, en nada se parecen al sabor artificial que terminamos asociando como gelatina de cereza o chicle de uva. No me entusiasmo cuando es “temporada de cerezas”.